LA MISIÓN DEL MAESTRO EN EL SIGLO XXI: Cómo educar una adolescencia indómita .

imagen» Ser Maestro, es un gran compromiso y cada día podemos tomar la decisión de ser el maestro o maestra de nuestros alumnos o el instructor que solo les da información, “Sin el amor del maestro al alumno, la enseñanza es un panteón de verdades” decía José Vasconcelos» 

Por: Gabriel Ruíz

TENEMOS EN NUESTRAS MANOS ALMAS Y CORAZONES LLENOS DE ESPERANZA

¡Maestro, maestra!: el día de hoy quiero que reflexionemos que en nuestras manos tenemos almas, tenemos corazones, somos responsables de cientos de jóvenes, que ven en nosotros la esperanza hacia su futuro.

SOMOS MUY IMPORTANTES PARA NUESTROS JÓVENES

Reflexionemos: cada mañana, al llegar, al entrar al salón de clase, nuestros jóvenes realizan un escaneo de nosotros, verifican nuestra vestimenta, el humor, la expresión de nuestra cara, si llegamos frustrados o frustradas, alegres o deprimidos, si preparamos o no la clase, si improvisaremos o nos desempeñaremos en pleno. Aunque no lo creamos y aunque no nos lo digan, somos sumamente importantes para ellos, somos la imagen viva de lo que deben ser cuando ellos o ellas sean adultos.

TENEMOS UNA MISIÓN; SER SU GUÍA

Dios nos ha dado una misión: una misión que debemos cumplir con cientos de jóvenes, cuyas almas, corazones y esperanzas están puestas en nosotros, les hemos de mostrar el camino, por ese mundo ignoto y complejo que están en proceso de descubrir. Somos sus líderes, líder viene del inglés “to lead”, que significa guiar: somos su guía, su faro, dejaremos una huella en sus vidas; “no hay jóvenes malos, hay jóvenes que carecen de un guía que les muestre el camino del bien”. Imprimiremos en ellos una huella indeleble y dependerá de nosotros si es para bien o para mal.

SIN EL AMOR DEL MAESTRO AL ALUMNO LA ENSEÑANZA ES UN PANTEÓN DE VERDADES”… José Vasconcelos

Ser maestro, es un gran compromiso y cada día podemos tomar la decisión de ser el maestro o maestra de nuestros alumnos o el instructor que solo les da información, “Sin el amor del maestro al alumno, la enseñanza es un panteón de verdades” decía José Vasconcelos.

Dia-del-maestroEDUCAR VS INSTRUIR, A JÓVENES QUE AÑORAN QUIEN LOS GUÍE

Educar no es transmitir conocimientos, esos se encuentran en el Internet y en los libros, en estos tiempos modernos, eso no es lo que necesitan los jóvenes. Más bien necesitan un líder, un guía, un modelo a seguir; el mundo que recién descubren es complejo y lleno de espejismos, tienen una sed insaciable de alguien que les oriente en cómo y por donde caminar.

Un guía va siempre por delante, poniendo el ejemplo; ¿queremos enseñar disciplina?, seamos disciplinados; ¿queremos que los alumnos hagan su tarea con entusiasmo?, preparemos la clase con entusiasmo; ¿queremos que sean puntuales?, seamos nosotros puntuales.

EDUCAR ES MOTIVAR NO INFORMAR

No es tan importante lo que enseñamos como la forma en que lo hacemos. Los datos se olvidan fácilmente, las sensaciones y las emociones se quedan para toda la vida; preocupémonos por infundirles el amor a la ciencia, no en atiborrarlos de datos e información, estimulemos su curiosidad por la investigación, enseñémosles que a los problemas matemáticos erróneamente se les llama problemas: son retos, son acertijos a resolver. Estimulemos su pensamiento crítico, para que cuestionen, para que se den cuenta que en el mundo actual, ni el león es como lo pintan, ni todo lo que brilla es oro.

EL LÍDER PONE EL EJEMPLO, VA POR DELANTE

Tus actos me gritan tan fuerte que no me dejan escuchar tus palabras”: si queremos que sean puntuales, iniciemos la clase a tiempo, si queremos que tomen en serio la clase, preparémosla con dedicación y expongámosla con pasión, investiguemos quienes son nuestros alumnos, esas almas que Dios nos ha confiado, y encontremos que les motiva, que los entusiasma, que los intriga.

Si ellos ven que nosotros gozamos dando la clase, ellos gozarán siendo nuestros alumnos, ¡La pasión es contagiosa! Cuando enseñas con entusiasmo el ciclo virtuoso del amor maestro-alumno-maestro- alumno, engendrará en el joven el gusto por el saber y por la excelencia.

Decía José Vasconcelos “Buen maestro es el que establece el contacto puro y directo del alma del joven con el alma grande del maestro a fin de que su influjo opere el milagro del contagio”. Debemos engrandecer nuestra alma, para que el influjo de nuestra grandeza opere ese milagro del contagio… ¡qué gran compromiso ser maestro! ¿no?, ¡el compromiso de engrandecer nuestro ser!, ¡nuestra Alma!.

34073615bda7ff9137846221be7b8010  “THE POINT OF NO RETURN” …

Es inevitable: ya iniciamos este camino de la educación y no tiene retorno, si lo hacemos con amor, ser maestro es para toda la vida y un compromiso inexcusable, por el que deberemos de luchar hasta el fin de nuestras vidas, siempre tratando de ser mejores de mente y espíritu.

Somos testimonio: estaremos enteramente sujetos al escrutinio de los alumnos, tenemos el compromiso de ser congruentes, sabios, honestos, excelentes, para lograrlo no tenemos más remedio, debemos acercarnos al todo poderoso, para que nos ilumine, nos llenemos de él, que es el maestro por excelencia, que fue maestro de doce, luego de cientos, luego de miles y ahora de millones por miles de años.

No dejemos que la frivolidad del mundo nos obnubile y perdamos las enseñanzas del maestro de maestros… ¡Jesucristo!

Ethos, Logos y Pathos era la pedagogía de Aristóteles, Don Bosco lo humanizó en Amor razón y Fe, el mágico triángulo pedagógico: con él transformó jóvenes, encausó la vida de pandilleros, delincuentes, presidiarios, todos ellos jóvenes llenos de energía vital, que solo necesitaban las pautas del líder que los guiara con amor, que les enseñara con entusiasmo, pasión y fe, el camino de la verdad.

Ser maestro no es un trabajo, es un apostolado: la gran mayoría frunce el ceño, pensado que no se debe pagar nuestra labor, que por cierto no hay salario que pague la sublime labor y la entrega de un auténtico maestro, un apóstol, “es un predicador que transforma vidas”, la misión del maestro no es dar conocimientos, es transformar vidas, y sí, es una gran responsabilidad, no es un misión sencilla, pues implica transformarnos primero a nosotros mismos y auto forjar el gran coloso que Dios diseñó en nosotros, el gran líder, el de alma grande a la que se refería Vasconcelos.

Hoy más que nunca tomemos las herramientas, el cincel el martillo y el yunque, para forjarnos como verdaderos apóstoles de la educación del siglo XXI, una educación que ha entendido que debe motivar en lugar de informar, amar en lugar de ordenar, de ser testimonio en lugar de predicar, que tiene en sus manos el futuro de este mundo, que tiene cientos de horas en contacto con los ciudadanos del futuro.

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