Por: Jaime Eduardo Aguilar Carrillo
El “orden natural de la cosas”, un término que ya desde antiguo, los filósofos griegos identificaban para designar que todas las cosas en el universo tenían un propósito, un fin establecido. Cuando éste es quebrantado, se desata el “Caos”, el desorden. Pero no es un desorden cualquiera, es un desorden que altera el equilibrio del universo.
Hoy en día, se habla mucho sobre la ideología de género, y surgen varias posturas a favor y en contra; alguna sustentadas incluso científicamente, algunas otras sólo sustentadas con una opinión fanática propia.
Sin embargo, más allá de los discursos políticos, religiosos, médicos y legales, habrá que esclarecer qué es lo que la propia naturaleza ha diseñado, y cómo el quebrantamiento de este orden ha desatado un caos, que de no ser revertido, puede llevarnos a la destrucción de nuestra propia raza.
¿Qué pasaría si ya no le hiciéramos caso al orden natural? Bueno, la respuesta ya la tenemos. Al alterar por ejemplo, el orden genético de las frutas, verduras, animales para la pronta producción o engrandecimiento de los mismos, ha desatado el caos, enfermedades que antes no existían y que ahora se están convirtiendo en dolor de cabeza para médicos y científicos, ejemplo, el cáncer.
Alterar el orden genético en los seres humanos, desatará un caos, como ya lo está siendo, no sólo a nivel biológico, sino también a nivel social. Un ejemplo de ello es Europa, que ha sido de los primeros continentes que han dado carta abierta a la ideología de género, y esto, entre muchos otros factores (como la planificación familiar llevada al extremo, el egoísmo de mantener un alto nivel de vida, la anticoncepción, la pérdida de valores familiares, etc.) ha contribuido a que ahora sea ahora un país viejo, en decadencia, son pocos los jóvenes que hay en relación con los adultos, porque las parejas homosexuales le dieron prioridad a sus sentimientos y no pensaron en la posibilidad de seguir generando vida.
Un país, que le abres puertas a la ideología de género, está destinado a la extinción.
Es por eso que en México, me parece que aún podemos concientizar sobre estas cuestiones, desde un punto de vista racional. No necesitamos de grandes discursos, porque la naturaleza misma no los necesita.
