¿Cuántos «honestos» aguantarías? (Parte I)

La crisis de honestidad y la devaluación del honor y la honra

“No robarás”, “No mentiras” y “No darás falsos testimonios”, no son otra cosa que recetas para la felicidad de la sociedad.

Por Gabriel Ruiz

Cuando nos preguntan: “¿eres honesto?”, la mayoría sin duda asentimos, moviendo la cabeza afirmativamente; si nos vuelven a preguntar: “¿honesto, honesto?”, seguramente respondemos que sí, con cierta dubitación; a la tercera llamada de: “¿pero, eres honesto, honesto, lo que se llama honesto?”, nos llama de inmediato a un análisis de conciencia y seguramente responderíamos: “bueno… prácticamente sí…”. Al cuarto o quinto honesto, caemos en cuenta de que, en un nivel u otro, de un modo u otro, todos hemos faltado a la honestidad alguna vez.

Todos, en estos tiempos, acusamos a los gobernantes por deshonestos, porque prometen y no cumplen o deciden y gobiernan en función de intereses propios o mezquinos, de sus patrocinadores, o bien, porque “se roban el dinero”.

Pero, ¿porque aún las personas que conocíamos como honestas cuando llegan al poder caen en la deshonestidad? Es tristísimo ver cómo, un sinnúmero de políticos muere en la ignominia deshornados, vapuleados y olvidados, después de haber tenido la oportunidad de la vida de trascender en la historia, si hubiesen sido capaces de inmolarse en el sacrificio, de cumplir las promesas y de hacer siempre lo mejor para el pueblo.

¿Es verdad la afirmación de que: “la corrupción es inherente al ejercicio del poder”? Si nuestra tesis de que nadie aguanta cinco “honestos”, implica que la honestidad total se da solo en la perfección del ser humano, todos, al tener el poder, seremos proclives a corrompernos. La diferencia radicará en lo alto que tengamos el valor de la honestidad, la honra y el honor y también de que tanta obediencia damos a los mandatos divinos de “No robarás”, “No mentiras” y “No darás falsos testimonios”. Esto no solo hace la diferencia en la política y en el gobierno, sino en otras problemáticas humanas como el combate a la pobreza, la reducción de la delincuencia, la mejora en la educación, el avance de la ciencia, el progreso propio y de las naciones, la estabilidad de las familias, el crecimiento de las empresas, etc.

Hay mil formas de ser deshonesto. Yo no robo, luego, ¿soy honesto?, pero…

¿He deteriorado la imagen de otra persona?

¿He engañado en el comercio?

¿Descubro sin necesidad los defectos del prójimo?

¿Hago algo deshonesto, pero… todos lo hacen?

¿Soy coherente?

¿Hago un acto deshonesto, pero por el bien de mi familia?

¿Adulo a las personas?

¿Murmuro y susurro de los demás?

¿Tengo cuidado excesivo mi imagen?

¿Me burlo de las personas?

¿Soy auténtico?

¿Digo verdades a medias?

Todas estas preguntas nos permiten darnos cuenta de nuestra fragilidad y de la propensión que tenemos a ser deshonestos. Debido a esa fragilidad es que, en los siglos pasados, la honra y el honor se defendían con la vida, era el estandarte de los caballeros andantes y de los caballeros del rey, así como de las múltiples órdenes que existían para defender el honor.

LA CRISIS DE HONESTIDAD Y LA DEVALUACIÓN DE LA HONRA Y EL HONOR SON EL ORIGEN DE TODOS LOS PROBLEMAS DE LA HUMANIDAD.

  1. LA FALTA DE PROGRESO DE LAS NACIONES:

Detrás de cada transacción en la economía, subyace la percepción de confianza: damos un cheque y confiamos en que el banco lleva correctamente nuestras cuentas. Cuando compramos algo, confiamos en que el producto adquirido cumple lo prometido.

¿Qué sucede cuando la gente pierde la confianza en los bancos y todos deciden retirar su dinero? El colapso total de la economía, el principio bancario está basado en que la gente confía que los asientos contables de depósitos y los retiros se hará correctamente. El dinero que guardamos en el banco no existe físicamente, sino sólo simples asientos contables. Cuando este frágil sistema basado en la honestidad y la confianza se rompe, se genera una quiebra masiva de bancos, que no tienen el dinero que depositamos pues ya lo prestaron, y entonces viene una crisis económica de dimensiones catastróficas.

La fortaleza de las monedas se basa únicamente en la confianza que los inversionistas dan a la economía del país. Al quitar el patrón oro en los Estados Unidos, toda la fortaleza del dólar está en que el mundo confía en que siempre habrá estabilidad en los precio de los productos tasados en dólares y que es una moneda que no tendrá devaluaciones abruptas;  pero el día que todos pierdan la confianza en el dólar y traten de deshacerse de ellos vendrá una crisis mundial de dimensiones inimaginables. Todo está basado en la confianza, la cual se obtiene en la medida que se prueba la honestidad y la honra.

El progreso económico se basa en el respeto a las reglas del comercio y de la ley. En la medida que el poder judicial de una nación es honesto y por tanto digno de confianza, mayor seguridad y confianza tienen los inversionistas y empresarios, para establecer empresas, apostar sus negocios en esa nación, y crear más y mejores empleos para toda la gente. De ese modo se obtiene el progreso de la nación.

El día que regresemos a los contratos verbales, donde la palabra dada tiene mayor valor que los contratos y la firma, se harán más fáciles los negocios, se favorecerá la seguridad de las inversiones y se mejorará el nivel de vida. Todo esto está basado en la honestidad.

Así pues, los designios divinos de “No robarás”, “No mentiras” y “No darás falsos testimonios”, no son otra cosa que recetas para la felicidad de la sociedad.

Continúa…

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